Aún no entiendo cómo es posible que no haya una persona que se llame Ciencia. Algo tan imprescindible, tan interesante, tan sorprendente, tan bello [bla bla bla...] como la Ciencia, merece ser reconocido como un nombre propio. La cuestión sería, ¿se merece cualquier persona poseer ese nombre? También me hago esta cuestión con Sofía, por ejemplo, que significa sabiduría.

Sinceramente, creo que la Ciencia es el mejor producto al que el ser humano ha dado lugar. Porque la Ciencia no “está ahí”, sino que “se hace”. Se trata de organizar el conocimiento, de darle un uso, de seguir conociendo.

Los primeros conocimientos científicos, como la fabricación de objetos por parte de los prehistóricos o el tratamiento de las enfermedades, eran sobre todo de naturaleza práctica, sin apenas sistematización. Uno de los primeros sabios griegos que investigó las causas fundamentales de los fenómenos naturales fue, en el siglo VI a.C., el filósofo Tales de Mileto, que introdujo el concepto de que la Tierra era un disco plano que flotaba en el elemento universal, el agua. El matemático y filósofo Pitágoras, posteriormente, inciciaría una escuela en la que las matemáticas serían el centro del pensamiento y de la investigación. Llegaron a postular una Tierra esférica que se movía en una órbita circular alrededor de un fuego central. En la época helenística Eratóstenes realizó una medida muy precisa de las dimensiones de la Tierra. El astrónomo Aristarco de Samos propuso un sistema planetario heliocéntrico no halló aceptación en la época antigua. Arquímedes sentó las bases de la mecánica y la hidrostática. Una vez comenzada la actividad científica es un no parar.

Después surgió la nueva ciencia experimental de la alquimia a partir de la metalurgia. Sin embargo fue adquiriendo un tinte de simbolismo que redujo los avances que sus experimentos podrían haber proporcionado a la ciencia.

A partir del s. XIII tuvieron lugar cosas tan importantes como la fabricación del papel y la pólvora, el uso de la imprenta y el empleo de la brújula en la navegación. Vendría más tarde Copérnico defendiendo el modelo heliocéntrico y provocando una gran revolución.

Y después tendremos a Torricelli y la presión atmosférica, Huygens y las ondas, Newton y la gravedad, Descartes y los ejes cartesianos, Faraday y el electromagnetismo, Darwin y la biología, Einstein y su archiconocido E=mc2…

El hombre inicia algo que se ha convertido en infinito, la Ciencia no tiene fin, nunca va acabar, y es, a cada segundo, mucho más extensa. “La gran dama inmortal” la llaman algunos.

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